top of page

ANIMISMO Y PERSONIFICACIÓN DE LOS ESTADOS

  • 26 may 2016
  • 4 Min. de lectura

Es usual que los estudiosos de la licenciatura en Relaciones Internacionales (RR.II., como disciplina académica) ‘personifiquemos’ a los principales actores de las relaciones internacionales (rr.ii., como objeto de estudio de RR.II), es decir, los Estados, como sujetos con: conciencia, moral, motivos, causas, interés, responsabilidades y/o toda atribución que se les pueda o quiera adjudicar, como si de humanos se tratasen; haciendo que nuestras alusiones muestren a los mismos comportándose como individuos.

No es lo más correcto, pero no está mal, es enteramente válido (todo punto de vista lo es). Sin embargo, no tener presente el cómo y el por qué estas apreciaciones son errores, los cuales pueden prevenirse haciendo del análisis o aportación, impactará en detrimento de nuestros procesos analíticos.

Los espacios donde mejor se pueden observar estas fallas son en las aulas, en los auditorios o en textos, en los cuales se traten tópicos concernientes a los estudios internacionales; sin descartar que en medios de comunicación, así como en conversaciones coloquiales, se presentan dichas fallas.

Esto debido al enfoque estatocéntrico, el cual privilegia y pondera a los Estados como máximos actores y como núcleos de poder en las rr.ii. Este enfoque está impregnado de los estudios de la materia y permea en la formación y desempeño de los académicos, dando como resultado a ‘cientistas sociales’, quienes personifican Estados.

Un ejemplo de lo anterior: “Rusia ha decidido”, “Nigeria padecerá”, “Moldavia hizo”, “Georgia hubiese” o el clásico “si yo fuera Estados Unidos”; refiriendo lo anterior a que los Estados son consagrados como personajes conscientes que forman parte de algún relato.

Al emplear estas expresiones, se comete un error de apreciación (si no se tiene claro de lo qué se alude), ya que –y sin negar el protagonismo y la cuantía de los Estados–, estos actores carecen de la esencia que la encarnación del brindase.

En este sentido, al no especificar qué actor o elemento del Estado (en cuestión) es el objeto de nuestra alusión, se caerá en generalidades o hasta en universalidades, perjudiciales para análisis que requieran un detallado o un desarrollo más preciso.

Esto crea un conocimiento errado, degenerando hacia análisis muy subjetivos y se tiende a desinformar, incluso a mediatizar el contenido; la mayoría de las veces sin intención alguna.

No acotar al actor u objeto aludido (o no tener en cuenta que otros no sepan acerca de lo que uno se refiere) dotará de imprecisiones a la idea que se pretende transmitir.

Siguiendo esta lógica, es necesario comprender los procesos políticos (y/o económicos, jurídicos, culturales) que suceden en los Estados si se desea evitar lo anterior.

Tener en cuenta nociones sobre tendencias, posturas e intereses de los stakeholder y cómo influyen las high-stakes para saber acerca de aquello que determina el ‘comportamiento’ de los Estados y ‘sus procedimientos’, tanto hacia el interior como hacia el exterior.

Conocer y ejercitar estas consideraciones, permitirán ampliar el análisis, reducir los márgenes de error, disminuir inprecisiones y –en opinión del que escribe– obtener mayores grados de comprensión.

Para ello, es esencial contemplar las configuraciones jurídico-políticas y económicas de los Estados objeto (a los que se personifica), tales como:

  • Tipo de Estado,

  • Forma de gobierno,

  • Régimen político,

  • Estructuración y funcionamiento, tanto del sistema político como del jurídico,

  • Sistema económico practicado e identificar sectores económicos estratégicos,

  • Modelo económico implementado,

  • Historia,

  • Identificar cuáles son las fuerzas políticas (ya sean grupos de poder, de interés, de presión o fuerzas vivas) involucradas;

  • Así como la multiplicidad y el grado de complejidad de los actores que interactúan, se desarrollan e inciden en los ya mencionados procesos.

Referirse al gobierno del Estado objeto; a una facción parlamentaria; a cierto partido político; a algún poder o esfera de poder que se contemple en la estructura jurídica o en el tipo de gobierno [del Estado]; a sectores económicos (público y/o privado) o a organizaciones civiles o a individuos, hará análisis más certeras y nutridas.

Ejemplo de ello sería hacer referencia a: el gobierno interino de Ucrania, los eurodiputados de ultraderecha, el Partido Laboral, La Casa Blanca y el Kremlin, la cámara de la industria, Reporteros sin Fronteras o canciller o ministro de Exteriores.

Si lo anterior se entiende, se comprende por antonomasia la existencia de los personajes o actores como variables de análisis en interacción con otras variables, sean endógenas y/o exógenas; entonces la generación de conocimiento o la transmisión del mismo (u otras ideas) contendrá la mayor objetividad posible.

Conclusiones:

  1. Es innegable la importancia de los Estados en el Orden Mundial y en el Sistema Internacional por ser actores constituyentes de los mismos y por la atención que la academia les ha prestado.

  2. Por algo son los máximos sujetos en el Derecho Internacional Público, y uno muy importante en el Privado.

  3. Cabe señalar, en función de lo anterior, que son los Estados, entes que forman en buena parte lo que conocemos como RR.II. y como rr.ii. Son ‘ellos mismos los que permiten’ (nótese la personificación), en gran medida, la existencia y desarrollo de otros actores internacionales, puesto que sin la motivación e intereses de los Estados (animismo); las organizaciones internacionales, el comercio exterior e internacional, los conflictos y disputas o el turismo, entre otros, serían muy distintos de lo que conocemos. Algunos –me permito escribirlo– tal vez no existirían.

  4. La personificación de los Estados y su animismo han permitido flexibilizar los análisis y ha facilitado la comunicación de ideas al entablar conversaciones o diálogos, pero no por eso podemos caer en vaguedades y sin sentidos, dando por hechos detalles que deben permanecer bajo la lupa. Relaciones internacionales, objeto y concepto a los que se recurren muchas veces sin percatar que tan genéricos y abstractos son per se.

  5. Esta complejidad de las RR.II. demanda el desmenuzamiento de los componentes, pues un análisis internacionalista debe ser lo más holístico posible, no sólo para saber a cabalidad lo que se estudia, sino también para apostar por un óptimo desarrollo académico.


 
 
 

Comentarios


ÚLTIMAS BRÚJULAS
ARCHIVO
BUSCA POR TEMAS
bottom of page